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La Organización Internacional del Trabajo (OIT), dependencia de las Naciones Unidas, ha definido el trabajo infantil como “el trabajo que priva a los niños, niñas o adolecentes de su infancia, potencial y su dignidad, y que es nocivo para su desarrollo físico y mental”[1]
Latinoamérica se ha destacado por ser una de las regiones del mundo en la que más niños en edad escolar se encuentran trabajando movidos por las faltas de oportunidades y escasos recursos de las familias, bajo o carente apoyo de los gobiernos, falta de organizaciones sin fines de lucro que apoyen a esta clase de niños, entre otros. El Salvador no se escapa de esta línea. En el país, no más de 200 niños y 30 familias se encuentran, en la actualidad, en programas de ayuda para la erradicación del trabajo infantil; ni el 1℅ de la cantidad de niños trabajadores que hay en el país. El Programa Red Solidaria que emprendiera el presidente Elías Antonio Saca, bajo el cual cierto grupo de familias de escasos recursos iban a estar recibiendo cerca de $20.00 mensuales para mandar a los niños a la escuela, ha resultado ser solo una burla ya que a muchas de estas familias les quitan “la ayuda” cuando sus hijos llegan a la edad de 16 años, y por si esto fuera poco, si un joven llega a bachillerato antes de los 16 años de edad también le quitan el pequeño subsidio. Contrastando con esto, cada vez en las calles vemos, por cada esquina o menos, más niños laborando o pidiendo. No es difícil encontrarse a niños que se suben a los buses del transporte público a vender maní, algodón de azúcar, dulces, u otros que sin decir una palabra reparten pequeños papeles con un texto que reza “SOY HUERFANO. LE PIDO $0.05 O $0.10 CENTAVOS PARA SOSTENER A MIS DOS HERMANOS MENORES Y ALQUILAR UNA HABITACIÓN. GRACIAS. POR FAVOR DEVOLVER EL PAPEL”, y de los que lo único bueno que se puede sacar es que al menos reciclan el papel[2].
Si analizamos la situación salvadoreña contrastándola con las llamadas Peores Formas de Trabajo Infantil, nos damos cuenta que los niños de los juglares, industria pirotécnica, pesca, niños agricultores, explotación sexual, entre otros, no están siendo beneficiados con los ya mencionados programas. Pongámoslo en este sentido: si de aproximadamente 2, 642,184 (2 millones, 642 mil, 184) niños que hay en el país trabajan 222,479 estamos hablando de un 8.42℅ de niños salvadoreños trabajando. De estos, aproximadamente 177,983 trabajan en el sector informal y 44,496 en el sector laboral formal, lo que significa que alrededor del 80℅ de estos niños pueden ser victima de alguna de las representaciones de las peores formas de trabajo infantil. A la vez, esta lectura nos informa que probablemente ese 80℅ de niños trabajadores no asista a las escuelas, sean explotados por los patronos al no recibir salarios acordes a sus trabajos y las rutinas de trabajo pueden ser más largas, están expuestos a problemas de salud, psicológicos, fisiológicos, drogadicción, agotamiento, abuso, retraso mental, heridas, picadas de insectos, entre otros.Además, debemos recalcar que el trabajo infantil es un fenómeno derivado de la desigualdad y el constante aumento de la brecha socio-económica producto de la acumulación de riqueza en pocas manos en la que nos ha sumido el sistema económico imperante en nuestro país. ¿Marcos de solución? Trabajo serio, eficaz y eficiente por parte del Estado.





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