LA NUEVA LEGITIMACION

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Los griegos en los tiempos antiguos solían preguntar al sabio Solón: "¿Cuál es la mejor Forma de Gobierno?" Él solía contestar: "Decidme primero para qué pueblo y para qué época".


Charles DE GAULLE, 1946
En las aulas universitarias existe una nueva gran preocupación de los alumnos al estudiar Derecho Constitucional, los temas políticos constitucionales en algunas partes de la Constitución misma. Uno de ellos se refiere al limite en la responsabilidad del gobierno: hasta donde debe ejercer su poder, hasta que circunstancias debe y puede llegar, es decir, existe la inquietud real de conocer si nuestro sistema presidencial es el más adecuado para El Salvador de hoy y para el de los años venideros.¿Por qué existe esta preocupación o inquietud? En mi opinión porque en las últimas décadas el equilibrio de poderes se ha inclinado decididamente en favor del Ejecutivo, el Poder Legislativo no ha ejercido muchas de sus facultades constitucionales, el presidente de la República ha realizado atribuciones metaconstitucionales que lo convierten en la columna vertebral de todo el sistema político, los pesos y contrapesos constitucionales no han operado efectivamente y, las libertades y derechos de los salvadoreños están quedado en ocasiones a la discreción del Poder Ejecutivo.

En los sistemas constitucionales hay una regla de oro subyacente, no necesariamente escrita pero que se infiere de la propia estructura de equilibrio que suponen los sistemas de democracia constitucional, según la cual a todo acrecentamiento del poder debe corresponder un vigorizamiento de los controles, un mejoramiento de las garantías y un acentuamiento de las responsabilidades. Dicho con otras palabras: a más poder más control, mejores garantías y superiores responsabilidades. Esta regla, que exige un correlato entre los problemas de dimensionamiento del poder y los problemas de cualificación de las garantías que hacen al equilibrio de ese poder, está señalando la necesidad de una equivalencia que si se rompe altera la funcionalidad del sistema y ésta entra en una pendiente. Es eso que los sociólogos llaman propiamente casos de anomia, en los cuales va gradualmente desapareciendo el marco de referencia, la sociedad se desencanta, se desmotiva, se desentiende. Hasta la suerte misma que pueda correr el sistema deja de interesarle y se termina en lo que los niños con su inocencia, pero con su gran y certera claridad dicen en dos palabras: todo vale. Es decir no hay ya marco de referencia o parámetro entre el bien y el mal, entre lo lícito y lo ilícito, entre lo permitido y lo prohibido. Estos son los procesos de deslegitimación que tienen por lo general un punto de arranque en el debilitamiento de los sistemas de garantías.

Exactamente aquí se encuentra el gran problema del sistema presidencial salvadoreño: la falta casi absoluta en la realidad de controles y el desequilibrio colosal que se da entre los poderes en nuestro país, situaciones a las cuales se han venido dando desde el siglo pasado, cuando sucedieron tantas dictaduras y la guerra civil que nos abatió por mas de una década En El Salvador, por décadas, hemos conocido el sistema de un partido predominante o hegemónico, en el cual la abrumadora mayoría de los legisladores de la Asamblea Legislativa pertenecían a no mas de dos partidos predominantes del cual uno es el que llevo al presidente a la silla que le toca, así el presidente de la República es el jefe real. Este solo dato es más que suficiente para explicar entre nosotros la carencia de controles por parte del Poder Legislativo respecto al Ejecutivo y el notorio desequilibrio entre ellos.Se necesita entonces que el gobierno responda a factores y hechos sociales reales, se requiere de una evolución y madurez para con las costumbres constitucionales, no hay que buscar una formula mágica, ni un slogan nuevo. Hay que hacer un nuevo cuidado a las necesidades básicas de la gente, hay que crear una forma en la que el sistema sea interesante, inteligente, es necesario renovar su legitimidad.

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Comentar nota comment Comentarios (1 publicado)

  • Publicado en Marvin Ascencio, 15 Octubre, 2007 06:17:18
    Tenemos, entonces, que dar cuenta de un factor muy importante: Aunque el sistema político salvadoreño sea presidencialista y no de un gobierno parlamentario es de hacer notar que hay metodos bastante fuertes de control al abuso presidencial que si bien están normados no son aplicados. Regularmente se mira al Veto presidencial como el acaboce de los proyectos legislativos. La Constitución de la Republica de El Salvador establece que la Asamblea puede reenviar el proyecto aprobado por ella al presidente si este ha sido vetado por él. Si este vuelve a vetarlo y la Asamblea juzga de imperosa necesidad el proyecto puede someterlo a una tercera votación. Si el proyecto sale vitorioso nuevamente se envia al presidente para su sancionamiento aprobatorio OBLIGATORIO, lo que significa que el Presidente tiene que aprobar el proyecto así no quiera hacerlo. NOTESE QUE ESTO AUNQUE ESTA NORMADO NO SE CUMPLE. Ahora bien, soy de la opinión que puede haber un buen equilibrio entre el poder ejecutivo y legislativo con la Constitución que tenemos SIEMPRE Y CUANDO SE RESPETE y se tome al pie. Lastimosamente aquí tenemos una clase política que NI SABE DE POLITICA Y MUCHO MENOS DE LEYES (y miren que son precisamente quienes las inventan ---las leyes---), y que por desconocer ambas cosas se arrodillan unos a los otros y dejan que el presidente sea, precisamente, quien PRESIDE la estructura política (legislativo, ejectivo y judicial), no cumpliendose así el principio de igualdad e independencia entre los poderes del Estado. image
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